Maldita la hora en la que volví a pensar en ti.
Yo, inmersa en mi capullo de moco
protector frente a las agresiones externas
pero desprotegido frente a las de la propia mente.
Extraño destino, siempre de oídas;
yo en mi autocompasión de mi último destrozo
tan semejante al nuestro
que me hizo recordar tus momentos.
Y claro, la vida proseguía
¿cómo oso pensar en el anclaje del pasado?
Y tú rehiciste tu vida
conseguiste olvidarte de mí, quizá,
y una nueva compañera te acoge.
Y yo estoy aquí,
sumergida en mi ensimismamiento,
intentando estudiar,
recordando mi otro gran amor,
y qué difíciles se tornaron las cosas.
Me lo merezco.
Ni lo uno ni lo otro.
No soy capaz de sopesar lo bueno como tal.
Y la muerte de los días pasados
lloran tras los cristales empañados del ayer.
No hay dolor, sino ofuscamiento.
No hay dolor, sino temor.
No hay dolor, sino nostalgia.
Y el dolor que me causa de nuevo la misma pérdida
se equipara con el dolor de darme cuenta de mis propios errores.
Dolor, sí dolor.
Los errores que vuelvo a cometer
Sin embargo me planteo no volver a interferir en tu vida.
Nunca más.
Aunque tú no me habrías dejado.
Allá en tu lejana lejanía.
¿Pensarás tú en mí como lo hago yo en tí?
¿Encontrarás similitudes en tu relación?
La esperanza se difumina en pequeñas gotitas
que como el rocío baña las amapolas.
Mi interior está trastocado, deprimido, pero a su vez
alegre y contento.
Rehiciste tu vida, hay esperanza
Tanto para ti, como para mi amor abandonado
Tan sólo yo vagaré en la noche
aullándole a la Luna llena
Lobo solitario, depredando algún corazón indefenso
para saciar mi sed de sangre.
Es curioso.
Es curioso como las tornas viraron sobre mí.
(2004)